domingo, 17 de julio de 2016

La Unesco consagra a Le Corbusier

Anatxu Zabalbeascoa. Diario El País. España. 17|7|16

La organización de la ONU declara Patrimonio Mundial 17 obras en siete países del suizo, gran maestro de la arquitectura moderna.


Nada menos que 17 obras de Le Corbusier han sido declaradas hoy, Domingo, Patrimonio Mundial por la Unesco en la 40ª reunión, celebrada desde el pasado 10 de julio en Estambul y que fue suspendida el sábado por el intento de golpe de Estado en Turquía. Que sean tantos edificios, en lugares tan distantes como Bélgica y Japón, que sean algunas de las obras más famosas, pero también varias de las menos conocidas las que hayan sido consideradas prototípicas de su trabajo y seminales de la nueva arquitectura sitúa al suizo a la cabeza de la modernidad. Abre también una vía de protección para la arquitectura moderna que el DOCOMOMO lleva años reclamando con sus programas para identificar, documentar y denunciar la desprotección de ese patrimonio.

Charles Édouard Jeanneret (La Chaux-de-Fonds, Suiza, 1887- Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1965) —un Picasso de la arquitectura por los diversos idearios e idiomas plásticos que logró construir— ha sido resumido en 17 inmuebles clave por el comité internacional de expertos que ha firmado su candidatura. Que de Frank Lloyd Wright sólo se sopesara un par de trabajos y que del brasileño Oscar Niemeyer se contemplara sólo Pampulha, da cuenta del valor pionero que la Unesco atribuye a Le Corbusier.

Lo icónico y lo cotidiano, la densidad urbana y las nuevas técnicas constructivas, la ciudad y la cabaña, lo sagrado y lo mundano, todo cupo en la obra de este pintor hijo de un relojero suizo que, tras construir la casa de sus padres, dedicó una década de su vida a viajar por culturas ajenas a la suya. Con la digestión de ese bagaje, un singular don plástico y una enorme capacidad de riesgo se convirtió en el gran maestro de la arquitectura moderna. No ha habido nadie tan libre ni tan seguido. También es difícil dar con alguien más polémico. Sus monumentales edificios en Chandigarh (India) son una meca arquitectónica que recibe hordas de visitantes, pero en su momento fueron criticados por estar ideados de espaldas a las necesidades de la gran mayoría de los ciudadanos.
Desde que, en 1994, la Unesco constatara que debía corregir la preferencia por la arquitectura histórica, cristiana, elitista y occidental, la organización ha tratado de abrir sus puertas a otro tipo de patrimonio. De los casi ocho centenares de edificios protegidos, apenas 20 eran modernos —de Gaudí, a la Casa de Luis Barragán, en México, pasando por Brasilia—. La llegada a ese podio de las principales tipologías ideadas por Le Corbusier supone concederle el cetro de la arquitectura moderna a un arquitecto del que han aprendido, bien y mal, tantos proyectistas. Su huella excede los libros de historia. Sigue alimentando a los mejores, pero también impulsó la configuración de bloques de apartamentos que desvirtúan nuestras densas ciudades.

La candidatura de Le Corbusier había intentado sin éxito conseguir la protección de la Unesco en dos ocasiones. Sin embargo, como sucede con Picasso, ordenado cronológica o tipológicamente, su legado resume la arquitectura del siglo XX. Desde la casa que levantó para sus padres, en 1924, hasta El Cabanon, de apenas 12 metros cuadrados, en Cap Martin, junto a la que se ahogó en 1965. Entre medias: sublimes edificios religiosos —Ronchamp y La Tourette—, propuestas de convivencia urbana —L’Unité de Habitation, en Marsella, apoyado en pilotes, con jardín en la azotea y una planta de comercios internos—, o la normalidad de la casa del médico Pedro Curutchet, en La Plata, a las afueras de Buenos Aires. El reconocimiento de la Unesco sitúa por fin la modernidad a la altura del mejor gótico. Ayuda a equiparar su fuerza al pozo de lo antiguo.



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